Casi uno de cada cuatro adolescentes en el mundo no alcanza el nivel de movimiento que los organismos de salud consideran adecuado. Es un dato que se repite en distintos medios esta semana, pero detrás de la cifra hay preguntas que vale la pena mirar con calma: quiénes son, dónde viven y por qué el panorama apenas se ha movido en más de una década y media.

Qué dice el estudio y dónde no coinciden las fuentes

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), citada por DW Español, unos 240 millones de jóvenes de entre 11 y 17 años no hicieron al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada a fuerte en ningún día de la semana anterior. Noticias ONU recoge la misma cifra con ese mismo criterio. El estudio abarcó más de 3,2 millones de adolescentes en 140 países y territorios.

Hay un matiz importante. DW Español describe el dato como la proporción de adolescentes que no realizó ninguna actividad física durante al menos una hora en la semana anterior, una formulación distinta a la de no llegar a 60 minutos en ningún día. Ambas lecturas apuntan al mismo problema, pero no son idénticas, y el lector debería saber cuál se está midiendo.

En promedio, los adolescentes declararon moverse 2,7 días por semana, y solo un 14 % dijo hacerlo todos los días, según la OMS.

Las diferencias entre niñas y niños

La brecha de género es uno de los hallazgos más claros. Según la OMS, un 28 % de las adolescentes no tuvo ningún día activo, frente a un 22 % de los adolescentes varones. Y mientras un 11 % de las chicas afirmó hacer actividad a diario, la cifra sube a un 17 % en los chicos. La OMS indica que esta diferencia aparece en casi todos los países analizados.

Las variaciones entre países también son amplias. Namibia, Nepal y Filipinas reportaron que un 40 % de sus adolescentes no tuvo ningún día de actividad. En cambio, en Serbia y Bangladés más del 30 % dijo moverse a diario. Estas cifras muestran que el problema no es uniforme y que el contexto local pesa.

Por qué importa el sedentarismo en la adolescencia

El sedentarismo es una conducta de poco movimiento que se mantiene durante gran parte del día, y no siempre equivale a la falta de deporte organizado. La OMS recuerda que la inactividad física es un factor de riesgo importante para enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.

En la adolescencia, estos hábitos se forman. Moverse de forma regular durante estos años está asociado con mejor condición física, mejor estado de ánimo y mejor manejo del peso, y es más probable que se mantenga en la vida adulta. Por eso la salud juvenil no se mide solo por lo que pasa en la consulta médica, sino también por cómo se organiza el día a día.

Por qué no basta con pedir más esfuerzo

Una de las ideas centrales del informe es que la solución no consiste en exigir a los jóvenes que se esfuercen más. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, según citan las fuentes, planteó que el reto es hacer que colegios, calles y barrios sean lugares donde moverse sea seguro, fácil y normal.

Esto se entiende mejor con un ejemplo cotidiano: si no hay un parque cercano, si las aceras son peligrosas o si el colegio no ofrece recreo activo, la decisión de moverse depende de condiciones que el adolescente no controla. Los especialistas en salud pública suelen describir este enfoque como un trabajo sobre el entorno, no solo sobre la voluntad individual.

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Las recomendaciones generales sirven de orientación para la mayoría, pero cada caso es distinto. Conviene consultar con un médico, pediatra o profesional de la salud si un adolescente presenta cansancio inusual al moverse, dolor en el pecho, mareos, falta de aire desproporcionada, o si tiene alguna condición de salud previa que pueda influir en la actividad física. Esa consulta permite definir qué tipo de movimiento es adecuado en cada situación.

Lo esencial


Este contenido es solo informativo y no sustituye el consejo de un profesional de la salud.

Aporte de Santé Press

Claves de lectura

  • El dato más sólido es la falta de avance en 15 años: el problema es persistente, no coyuntural.
  • Las dos fuentes miden la inactividad con criterios distintos; comparar cifras exige revisar la metodología.
  • El enfoque del entorno desplaza la responsabilidad del adolescente hacia la planificación urbana y escolar, lo que abre un debate sobre quién debe actuar.

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