Cada vez que se habla de El Niño en Costa Rica, muchas personas recuerdan las sequías, los ríos bajos y los cultivos golpeados por el calor. Con el segundo semestre de 2026 en el horizonte, vale la pena entender qué es este fenómeno, cómo suele manifestarse en el país y qué podemos hacer desde ya, sin alarmismo y con buena información.
Qué es El Niño, explicado sin tecnicismos
El Niño es la fase cálida de un patrón climático natural del océano Pacífico llamado ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de lo normal durante varios meses. Ese calentamiento altera la circulación de la atmósfera y modifica dónde llueve más y dónde llueve menos en buena parte del planeta.
No es un fenómeno nuevo ni extraño: se presenta de forma irregular, más o menos cada dos a siete años, con intensidades distintas. Algunos episodios son débiles y casi pasan inadvertidos; otros, como el de 2015-2016, dejan huella en la agricultura, el agua y la energía.
Una aclaración importante sobre 2026
Los pronósticos climáticos son probabilidades, no certezas. Que exista una probabilidad de desarrollo de El Niño no significa que vaya a ocurrir, ni que, de darse, tendrá la misma fuerza o los mismos efectos que en años anteriores. Por eso, la fuente más confiable para seguir la evolución es el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), que emite análisis y avisos actualizados para el país.
Cómo suele afectar a Costa Rica
Históricamente, los episodios de El Niño tienden a dejar un patrón diferente en cada vertiente:
- Pacífico Norte y Central, y Valle Central: menos lluvia de la esperada durante la época lluviosa, un veranillo de San Juan más marcado y un riesgo mayor de déficit hídrico.
- Región Caribe y zona norte: mayor probabilidad de lluvias por encima del promedio y, en ocasiones, de inundaciones localizadas.
- Temperaturas: tendencia a días más calurosos y sensación térmica elevada, sobre todo en zonas bajas.
Son tendencias, no reglas absolutas. Cada evento tiene sus particularidades y otros factores, como los sistemas tropicales o los frentes fríos, también influyen en el clima del país.
El segundo semestre: por qué importa tanto
De mayo a noviembre, el Pacífico costarricense vive su época lluviosa, y de ella dependen los mantos acuíferos, los embalses y las siembras de ciclo anual. Si las lluvias se quedan cortas en esos meses, el impacto puede sentirse luego en la época seca, cuando las reservas de agua ya están más comprometidas.
Además, el segundo semestre coincide con la temporada de ciclones en el Atlántico. En años con El Niño, la actividad ciclónica atlántica suele ser menor, lo que puede reducir ciertos temporales, aunque eso no elimina por completo los eventos extremos ni los efectos de los sistemas del Pacífico.
Agricultura y ganadería: las más expuestas
El sector agropecuario es de los primeros en notar los cambios. Cultivos como el arroz, la caña de azúcar, el maíz, los frijoles y los pastos para ganado dependen del régimen de lluvias. Un déficit de agua puede reducir rendimientos, encarecer la alimentación animal y aumentar el estrés por calor.
Algunas medidas que suelen recomendar las instituciones y especialistas:
- Ajustar las fechas de siembra según los pronósticos estacionales.
- Apostar por variedades más tolerantes a la sequía.
- Cosechar agua de lluvia y mejorar la eficiencia del riego.
- Cubrir el suelo con rastrojos o coberturas para conservar humedad.
- Planificar reservas de forraje y agua para el ganado.
En casa y en la comunidad
Aunque el fenómeno parezca lejano, sus efectos llegan a la vida cotidiana: racionamientos de agua, mayor consumo eléctrico por el calor o alzas en algunos alimentos. Prepararse no requiere grandes inversiones, sino hábitos sensatos:
- Cuide el agua: repare fugas, reutilice cuando sea posible y evite el riego en las horas de mayor calor.
- Almacene con criterio: tenga una reserva moderada para emergencias, sin acaparar.
- Proteja la salud: hidrátese, evite la exposición prolongada al sol y preste atención a niños, personas mayores y personas con enfermedades crónicas.
- Reduzca riesgos de incendio: evite las quemas, especialmente en zonas con pasto seco.
- Ahorre energía: el calor aumenta el uso de ventiladores y aires acondicionados, así que conviene usarlos de forma eficiente.
El papel de las instituciones
En situaciones de posible sequía o exceso de lluvia intervienen varias entidades: el IMN con la información meteorológica, la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) con la gestión del riesgo, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) con el apoyo al sector productivo, y las instituciones del agua, como el AyA, con la planificación del abastecimiento. Estar atento a sus comunicados es la mejor manera de evitar rumores y decisiones precipitadas.
Información útil, no miedo
El Niño es un recordatorio de que vivimos en un país muy sensible a la variabilidad del clima. Más que preguntarnos si el fenómeno será fuerte o débil, la pregunta práctica es qué tan preparados estamos para un año con menos lluvia en unas zonas y más en otras.
Seguir los reportes oficiales, usar el agua con responsabilidad y planificar con anticipación son acciones sencillas que, sumadas entre hogares, comunidades y productores, hacen una diferencia real. Para el segundo semestre de 2026, la mejor estrategia sigue siendo la misma: informarse bien, anticiparse y actuar con calma.